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ABUELAS DE PELO ROJO Y OTROS DESVALIDOS |
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Benjamín Jiménez, José Ortega y Carmen Guerra.
Puerto del Rosario, febrero de 2008. A principios de diciembre me pidieron que me evitara unos derribos inminentes en el Puerto de los Molinos (Fuerteventura). Me dijeron que los abogados les habían dicho que ya no podían hacer nada más, pero que los vecinos querían seguir luchando, y me pedían (como tantas veces) una solución extraordinaria., El primer derribo afectaba a una abuelita llamada Carmen Guerra. Es la señora de la foto. Me la imaginaba como anciana de luto a medio camino de la iglesia, pero cuando al conocí en febrero de 2008 me encontré con este pimpollo de pelo rojo. El derribo estaba previsto para el 20 de diciembre, por lo que creo que le esperaba una nochebuena amarga. Pensé durante no mucho tiempo, se me ocurrió una idea, hice unos escritos y pude parar las máquinas. El siguiente derribo era a principios de enero, contra Benjamín Jiménez (el otro señor de la foto). También pude pararlo. Había otro señor al que le tenían que derribar el mismo día. Este dijo que prefería seguir con su abogado de Madrid. Le derribaron la casa. Costas tenía previstos más derribos para la mitad de marzo. Los paralicé. Otro para el 25 de ese mes. Tampoco pudieron hacerlo. Los de principios de abril creo que tampoco se ejecutarán (escribo esta note el 27.03.08, en el avión que me lleva a las Palmas, donde mañana tengo una vista para confirmar la paralización). Esto es algo difícil de conseguir cuando se trata de actos firmes y consentidos desde hace quince años, que tienen incluso autorización del juzgado de lo contencioso administrativo para entrar en domicilio a efectos de derribar. En teoría es cierto que no hay nada que se pueda hacer, pero el derecho ofrece más caminos de los que parecen. A menudo son caminos invisibles, o disimulados, y el abogado debe adquirir capacidad para verlos. Esta capacidad no se adquiere de pronto. Los ojos se van abriendo a lo largo de los años. |