EL GOLFO: SOCIEDAD VERSUS POLÍTICOS
Artículo publicado en el
diario Crónicas de Lanzarote en y en Diario de Lanzarote. A continuación se
añaden los comentarios remitidos por los lectores del diario. Cuando vine a Lanzarote para ocuparme del deslinde de El Golfo, creía que sería un caso más, sin pensar por un momento que mi intervención iba a agitar los vientos de la política local y sin sospechar que con un simple análisis jurídico le iba a meter el dedo en el ojo a los responsables administrativos. Pero así ha sido, porque desde que señalé dónde estaba el problema (en el ya famoso certificado de que los terrenos eran suelo urbano de hecho), todo son lamentos y acusaciones recíprocas de unos contra otros, a cuenta de no haber emitido y presentado el certificado en cuestión. Tal como lo veo yo, los problemas se resuelven mucho mejor estudiándolos que hablando sin parar, y sobre todo a la ligera, que es más o menos lo que han hecho algunos de los políticos que han adquirido protagonismo, o lo han intentado, durante la semana pasada, en particular los que se acercaban como almas en pena a ese muro de las lamentaciones en que se ha convertido por unos días la Dirección General de Costas. Senadores y Consejeros, evidenciando que aquel muro de lamentaciones es realmente eso, un muro, volvían con las manos vacías y un más que pobre mensaje de tranquilidad, aderezado con la difusa propuesta de una solución política cuyo perfil nadie conoce. Tanto una cosa como la otra quizá parezcan oportunas desde las alturas olímpicas en las que estos responsables suelen moverse, pero desde la arena donde tiene lugar la lucha –en la que yo me encuentro- lo parecen muy poco. Vean: En medio de una auténtica orgía de mensajes tranquilizadores, se llegó al exceso de decir en público que Costas solo tiene la misión de delimitar, no la de derribar. Y de esto a llamar idiotas a los vecinos de El Golfo no es que haya solo un paso: En realidad no hay ninguno. A los que dicen esa necedad no les vibra aún en el cerebro, como a mí, el eco del terrible sonido de las excavadoras rompiendo muros, levantando pavimentos y derribando paredes. Créanme, no solo es incierto que Costas no se ocupe de bonitas demoliciones, sino que cuando se decide a ello lo hace con letal eficacia (www.costasmaritimas.com, para más información). Así que esos mensajes de tranquilidad me parecen a mí tan poco halagüeños como los que dispensa el sacerdote al condenado a la horca. En cuanto a la propuesta de buscar una solución política, ¿por qué me suena a resignación, a fracaso, a impotencia y a intento de alguna fórmula en el límite de la legalidad (quizá en el límite de fuera)? ¿Han leído el expediente todos aquellos responsables que se limitan a recomendar valium, darlo todo por perdido y proponer una fórmula política? ¿Conocen las posibilidades reales de defensa? ¿Se han preocupado de saber si Costas tiene razón? La respuesta más que probable es no. Leer y estudiar es por lo visto demasiado lento para el impetuoso trajín de la política. Aunque desde el inicio del expediente han tenido trece años para hacerlo, es mejor la puesta en escena de un viaje a Madrid para darse cabezazos en el dichoso muro. Es más aparatoso. Más vistoso. Lo malo es que al actuar así, los políticos no solo acreditan una vergonzante ignorancia sobre el asunto, sino que están lanzando a la sociedad el mensaje de que el caso no tiene arreglo, que lo vecinos están indefensos, que Costas es invencible, y que no hay más camino que secarse las lágrimas y aguantarse. Pues no es así. Los vecinos de El Golfo se reunieron el pasado sábado en asamblea con un resultado extraordinario tanto en asistencia como en su acuerdo prácticamente unánime de unirse en la defensa común. Precisamente porque hay un camino para esa defensa. Hasta quienes no resultaban afectados directos se unieron al grupo y se mostraron decididos a colaborar en todo. Tal como lo veo yo, los vecinos le han dado una gran lección a los políticos. Primero no creyendo sus mensajes espantosamente vacíos de contenido, segundo, rechazando el desánimo facilón y llorón que se les sugería desde algunas instancias públicas, tercero, pasando con inusitada firmeza ciertas ofertas de colaboración basadas en el gratis total, y, por fin, mostrando no solo una unión ejemplar, sino una clara vocación de ir al grano. ¿Saben lo que pasa? Que los derechos individuales son a semejanza de los músculos: se atrofian por falta de uso. Hay sociedades mortecinas y pusilánimes, incapaces de reaccionar, que se dejan llevar por lo que les dicen, cuyos derechos individuales se resecan como flores sin agua porque nadie hace uso de ellos, y sociedades vivas y pujantes, con criterio propio y niveles suficientes de inteligencia, independencia, espíritu crítico y energía como para saber lo que quieren y conseguirlo. Quién iba a pensar que un pueblito tradicional de gente trabajadora y nada ostentosa, le iba a pasar por encima a los políticos como una apisonadora, precisamente porque sus gentes pertenecen al segundo grupo. José Ortega Abogado, colegiado 4941 |
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